Ni todo el cielo que tú miras,
ni todo el suelo que tú pisas,
ni cada estrella de tus noches
ni todo el aire que respiras,
puede llenar el corazón mío
como lo llena tu sonrisa.
Y es que eres el verso que me nace,
en la mañana que se inicia,
eres la fuente de mis mares,
eres la angustia que me agita
y quien me colma y quien me llena
de la más grande alegría.
Porque aunque trato de explicar,
el sentimiento que me inspiras
me es imposible de abarcar,
lo que tú me significas,
si es que estás en mi silencio,
en mi velero y en mi brisa,
en mi lira de poeta
y en el rostro de mis hijas
que me recuerdan dulcemente
que eres mi reina consentida,
la razón que le faltaba
a la vida de mi vida,
al candor de mis mañanas
y al aliento de mis días.
Y es que… ni todo el cielo que tú miras
ni todo el fuego de mil soles,
puede compararse a las caricias
con que alimentas mis amores.